jueves, 20 de febrero de 2020

De la esencia al espíritu

En Madrid, a 20 de febrero de 2020.


Supongamos que el espíritu, es aquello que denota la presencia del ser humano.

Entonces sin espíritu, no habría presencia.

¿Podríamos ser así conscientes de nosotros mismos?

Si es que si, ¿la consciencia del espíritu dentro del cuerpo, se constataría a través de los sentidos?

¿El sentido además, y consciencia de nosotros mismos?

¿Cómo es eso posible si no se es consciente de los latidos del corazón por lo que hemos vivido a lo largo de nuestra vida y la memoria que esto ha producido en nuestro ser?

***


La mayor parte de nuestro crecimiento, la pasamos indagando en lo que vemos, pensamos mientras oímos, sentimos, aprendemos mientras hablamos y las explosiones de sabores de las cosas que comemos. Reflexionamos, y creamos nuestra propia memoria o consciencia de nosotros mismos.

De todo esto somos conscientes gracias al mecanismo de reacción que nuestro aprendizaje y posteriormente la memoria produce en nuestro cuerpo. Siendo el riego sanguíneo, los latidos del corazón, los impulsos cerebrales reacciones directas de las experiencias de nuestra vida. Incluso me atrevo a decir que a través de esto somos conscientes de nuestra ideosincrasia.

Pero más allá de todo eso, podría ir creando una esencia o "algo" en nosotros, conformado a través de lo que vamos aprendiendo y lo que sentimos.

El problema del crecimiento de un espíritu, interrumpe cuando, algo o incluso alguien, provoca en nosotros consternación tal, qué nos impida restaurar el camino ya trazado.

Si es así, el control de nuestras emociones y nuestra trayectoria, no vendría legitimado únicamente por las experiencias que vivimos, si no por las experiencias que nos hagan vivir, consciente o inconscientemente.

Entonces, vivir en una realidad alterada al margen de nuestra propia realidad ya constituida, no solo puede provocar irrealidad si no, alejarnos de los latidos de nuestro espíritu.

¿Acaso este proceso no produce dolor?


I. Morgades






jueves, 9 de abril de 2015

La lluvia...



 Madrid, 09 de Abril de 2015


Llueve.

Y cuando llueve, los sentimientos románticos florecen.

Principalmente los sentimientos de nostalgia, añoranza y sobretodo los recuerdos, ya sean buenos o malos y, las ganas de estar rodeados de alguien que con su calidez nos abrace y nos haga sentir su buena compañía.

Y es en esos momentos de frío y nostalgia que resulta más gratificante esa compañía.

A mi personalmente me encantan los días de lluvia por eso. Porque puedo disfrutar de una forma más intensa de las personas que me acompañan y me rodean. Es muy gratificante...

Con la lluvia, nuestra nostalgia se siente acompañada. La lluvia llora con nosotros, nos aconseja, nos resguarda. Su sonido rebota en las cavidades más solitarias de nuestra mente. Nos evoca emociones complejas pero que a su vez se resuelven por si mismas de la forma más sencilla, a medida que van cayendo las gotas y su sonido golpea el suelo o las ventanas...

¡Qué bonito sentimiento!

Pero, ¿por qué se despierta en nosotros ese sentimiento? Ese sentimiento que es más que especial, sobretodo porque, viene de lo ajeno. No lo provocamos nosotros, sino que lo provoca la lluvia. El día nublado. Y además es particular porque no es comparable a otros momentos en los que sentimos nostalgia. La nostalgia al margen de la lluvia se lleva peor. Por ejemplo, en un día soleado...

Cuando llueve, entendemos mejor nuestra conexión con la naturaleza más virgen. Nos sentimos más humanos, que al fin y al cabo, es lo que somos. Seres humanos en conexión con otros seres y con la naturaleza.

El retiro, la meditación, la oración o los intentos de relax son fundamentales para entendernos mejor a nosotros mismos. Para encontrar cierto equilibrio, y la lluvia juega un papel fundamental en todo eso...

No sé si somos conscientes, de hasta qué punto necesitamos, de vez en cuando, encontrar esa conexión emocional, cósmica o personal con lo que nos rodea; olvidándonos de los aspectos más mecánicos de nuestra existencia y de los valores que nos alejan de este menester.

La lluvia por lo tanto, nos recuerda quienes somos. Lo que sentimos. Nos recuerda lo que anhelamos y nos pone en contacto con un aspecto más intimo con nosotros mismos que nos hace crecer.

No se si existe una relación de causalidad entre el hecho de que llueva y los sentimientos que genera esto en el ser humano. Quiero creer que sí. Por aquello de la conexión con la naturaleza y de encontrar un sentido a nuestra existencia en conjunto con ella... Por aquello de no ser solo agentes externos e independientes de nuestra auténtica naturaleza. Esa naturaleza que nos provee de valores humanos y que nos pone en mayor contacto a los unos con los otros. Por tanto, quiero creer que la lluvia, también es un mecanismo que la naturaleza pone a nuestro servicio para que logremos un punto de contacto con nuestro lado más íntimo y que a su vez nos relaciona con lo que nos rodea...


I.

domingo, 1 de marzo de 2015

Nuevos horizontes


1 de Marzo de 2015



Hace días, en un enlace a una página web que hablaba del tema, la bloguera se planteaba la realidad de considerarse abierta y absolutamente negra o, sin embargo, por otro lado de manera independiente, afro-descendiente. Aunque ella lo tenía muy claro y se consideraba ante todo negra.

Pues bien, ante esto me surge el planteamiento -tras ver en ocasiones como el adjetivo 'afro' se utiliza en determinadas descripciones-, de si esos prefijos son necesarios.

Se está hablando últimamente del tema, y cuando preguntas a otras personas relacionadas con el tema sobre el término 'afro'-lo que sea, lo entienden como algo que hay que desgranar.

Yo particularmente lo encuentro un adjetivo más. No solo más si no que positivo y necesario. Un adjetivo que sirve de contrapunto a los significados negativos que a la palabra 'negro' se le atribuyen y que enmarca a un grupo de agentes activos en una sociedad que se reconocen representantes del género (africano en este caso).  Y esto es necesario.

Se necesita una imagen unificada de la comunidad negra, particularmente en España. Una imagen representativa en el entorno, en el sentido de que reconozca en este parte de su historia y viceversa.

Reconociéndonos primero como negros y luego como parte de una cultura con, entre otras cosas, numerosas corrientes políticas y filosóficas demostramos tener los mecanismos necesarios para ser tenidos en mayor consideración como instrumento de análisis social. Y con esto me refiero a ser más respetados. Tanto institucionalmente como a otros niveles.

Si tenemos en cuenta lo que la integración de estos mecanismos de endoculturación supondría en el desarrollo de los miembros de una sociedad o tipo de cultura, la integración de los derechos sociales más basicos se vería reflejada en una sociedad más limpia y abierta, posiblemente libre de conflictos raciales y complejos de inferioridad.

La pregunta es si estamos preparados para ello.

Debemos plantearnos una estrategia de acción que genere una nueva corriente de pensamiento que englobe a un mayor número de personas que cada vez se sientan más identificadas con el tema, desde la base. Y a pesar de eso, una imagen nueva del negro que no obvie ni olvide su presente y su historia y a muchos de los pilares fundamentales que ayudaron y ayudan a la visibilización de las personas negras como comunidad a tener en cuenta.

Para ello, un sistema de 'networking' a nivel nacional entre las diferentes organizaciones y sociedades que componen el entramado empresarial 'afro' soportado por una especie de plataforma o idea política o corriente filosófica que sirva de referente sería fundamental. Y sin embargo, todo eso ya existe y no se conoce o lo que es peor, su organización no es lo suficientemente contundente como para llegar a todos. Los hay a los que simplemente no les llega la información, pero los hay que, sabiéndola, no están de acuerdo con el tipo de política que proclaman esas sociedades, por curioso que parezca. Los hay que prefieren mantenerse al margen aferrándose a la condición o estatus que le ha otorgado hasta el momento el no involucrarse y así vivir en paz.

No nos sentimos representados en los puestos de trabajo, en el parlamento, en los medios de comunicación (¡tan importantes!) ni en los libros de texto. Pero muchos de nosotros sin embargo no actuamos para conseguir esos derechos. Para ser miembros activos de nuestra sociedad.

Tal vez el problema sea que el método tiene que evolucionar. La técnica se ha quedado obsoleta y es necesario que avance hacia una nueva forma de hacerse llegar a sus seguidores. Para ello los medios de comunicación son de gran ayuda, pero también un centro de estudios africanos impulsado y dirigido por africanos, un partido político consolidado y representativo y mayores cargos directivos en los puestos de trabajo. Y por supuesto divulgarlo.







miércoles, 4 de febrero de 2015

África y la intolerancia


                                                                                       4 de Febrero de 2015


Hola a tod@s!

Me complace saludaros nuevamente...

Muchas son las cosas que han pasado en mi vida desde la última vez que escribí. 

En el último post, de diciembre de 2012, recuerdo estar en Guinea, Malabo, Isla de Bioko. Después por motivos de la suerte, o el destino o lo que quiera que sea, volví a España. Y muchas cosas de mi (y de España) he aprendido, y han cambiado...

Me fuí dejando una filosofía de vida inculcada. Pero me fuí sin saber lo que era. Un modelo de convivencia con mi entorno. Una sociedad ajena, casi imaginada (pues no estaba absolutamente involucrada en ella o, en ocasiones, no era bien recibida), pero con su propio significado, un significado del que yo no formaba parte, que no estaba hecho para mi pero que a veces se imponía a mi criterio y me recordaba que yo también era aquello. Llevaba en la mochila intolerancia, recelo, envidia. Llevaba orgullo pero, tambien llevaba dignidad. Cargaba con ese algo contra lo que luchaba y que me hacía a mi misma. Que me había construido como persona por mi valentía en los momentos clave para derrotarlo, mi resistencia frente a su adversidad y mi perseverancia, que me hacían cada vez más fuerte.

Me fuí con la ambivalencia de sentirme querida y sentirme rechazada. Me fuí siendo 'la acogida', pero también me fuí sin patria. O al menos, sin un concepto claro de ello.

Luego llegué allí, y tuve que poner todo aquello, y mi autoridad, en práctica. Y me sentí extraña, ajena, desorientada. No conocía a la gente, no conocía el estilo de vida, las calles el día a día... Y tenía que decir quien era. Y ahí fue cuando me di cuenta de que en el fondo sabía que no era nadie. Nadie como cuando me fuí, y eso a pesar de ser fuerte. Jugando en la ambigüedad de saberlo y no saberlo, una parte de mi se reconocía en el espejo de ese algo inculcado, violento, desagradable y ajeno, y otra parte de mi respondía con inteligencia, y con sensibilidad, racionalizaba la situación. Y aquello era lo que quería llevarme conmigo pero, sin embargo, aquella era una ciudad que tampoco era mía.

Una ciudad extraña, ajena... Que se me escondía. Pero que tenía una gran ventaja que iría descubriendo día tras día. Un tesoro que no conocía y que por eso era un tesoro. El valor incalculable de la familia. La grande, la que te relaciona con desconocidos. Esa familia casi incontable que te regala su cercania, su compromiso, su tierra. Que te dice, que es tuya, que te pertenece y que tú le perteneces. Sus chistes, sus risas, sus llantos, sus bromas. Su amor... La felicidad de lo cotidiano. Cosas que me hacían olvidarme de mi antiguo entorno. El entorno que me echaba a patadas. En cada calle, en cada esquina... Que intentando alejarme de su círculo jugaba su papel. Un papel que Dios sabe qué fuerza le habría enseñado. La religión, la educación, la irresponsabilidad, la cultura... A todos los niveles y en todas las esferas. El papel de la intolerancia, la superioridad, el etnocentrismo...

¿Porqué se mantiene?

Y entonces, cuando más agusto me sentía, cuando más sentía que había encontrado mi sitio, volví. Yo soy así. Tenía que encontrarme a mi misma.

Y una vez aquí, encontré otra yo... que se había convertido en una más segura, más decidida. Más cercana. Una yo que desechaba aquello que no la pertenecía. Que no se detenía en lo grosero y lo mundano. Que se sentía felizmente superior a ello. Completa. Que entendió otra forma de ser superior...

________________________________________


Nos enseñan a querer ser como los superiores para ser superiores. Con todo lo que ello implica, y ha significado a lo largo de la historia.

Mediante el secuestro de la historia más relevante, la de los comienzos de las sociedades organizadas, la de los valores humanos como el respeto, la convivencia en armonía, la atención al escuchar..., la historia de África, se ha privado a la gran mayoría de una parte de su memoria, de su inteligencia emocional. Y eso ha tenido nefastos resultados...

Pensarlo. El estilo de la sociedad en la que vivimos, la occidental, tiene cosas positivas, si (para el que sabe verlas y aprovecharlas ya que esa oportunidad se puede dar, o no, prácticamente en cualquier parte del mundo si se intenta y se busca el camino -no me quiero poner filosófica). Y sin embargo, como sociedad primer mundista, tecnificada, etc., por la forma en que cala esa, digamos, forma de control social del siglo XXI que se ejerce en la mayoría de la nosotros, por esa forma de digamos endoculturizar a la sociedad con la cultura económica más imperialista y dominante, tiene también sus cosas negativas. Lo que más cala en nosotros es esa especie de simbología etnocentrista y el estatus social que nos pone por encima de nuestros semejantes (en el mejor de los casos). Hacemos lo que vemos. Sin pararnos a pensar si estará bien o estará mal. Nos falta sensibilidad con el entorno. Estamos cojos de lo que llamamos una inteligencia emocional -y añado social-, para convivir en armonía. Que contrarreste los valores que hoy en día predominan y que nos enseñene tanto de lo que nos han dado las culturas africanas más antiguas.

Sin embargo, sabemos que la historia que se nos enseña constantemente, está plagada de sucesos cuanto menos intolerantes, opresivos. Y efectivamente, ese bombardeo de sucesos hace que el tratamiento que se hace de ello no sea el adecuado porque además no es suficiente. Se enseña desde la perspectiva y justificación del imperialismo y no se contrasta con la exhibición de la semilla cultural que acompañaba a los involucrados y del que fueron brutalmente desprendidos.

El mayor, el más reciente; el que nos enseñan ya incluso en los libros de texto en el colegio, es el de el fenómeno de la esclavitud y por ende, los sucesos contiguos, relacionados e inherentes a tal proceso como son: la degradación moral e intelectual del esclavo - si es que la superioridad se imponia de la mano de algún tipo de institución asentada que hiciera respetar sus normas y prohibiera cualquier tipo de rebelión-, el rechazo a mantener un estatus social igualitario, la violencia verbal y física y, otros muchos. Y hablaré más concretamente de la esclavitud de tantos millones de africanos negros e inocentes, cuyos paisanos, incluso hoy en día, aún, siguen atrapados en las sombras de las grandes corporaciones y multinaciones que miran a otro lado mientras se benefician de los intereses que generan las intervenciones en sus países.

Juegan a legislar los derechos sociales como si sobre ellos tuvieran derecho. Y lo hacen mediante la burocracia más estructurada, jugando un papel de abanderados de la salvación y patrios con la ayuda de los gobiernos que trabajan también para los intereses de sus allegados y viceversa.

¿Es que es acaso esto todo lo que hemos aprendido en todos estos años sobre África? ¿sobre Occidente? ¿La imposición del más rico sobre el mas pobre?

El simple hecho de considerarnos una sociedad privilegiada nos hace sentirnos superiores. Y quiero decir que, si eso es un fenómeno que hoy en día está más que asentado y aceptado por un número importante de personas, las personas de a pie, las que no tienen educación ni sistemas de base morales, o las que incluso teniéndolos maniestan los síntomas del desinterés, o la sobervia, o la propia intolerancia frente a lo que se considera una condición inferior y ha quedado así grabado en la memoria histórica de la sociedad moderna, puesto que ha significado tanto en la historia del siglo XX y mucho antes (pero no tanto) en la época del imperialismo y la precisa esclavitud, es de entender que hay algo que está fallando. No me extraña que la gente se comporte de manera tan intolerante y deberíamos conocer más sobre ello.

A estas alturas, deberíamos estar planteadonos, incluso de la mano de las instituciones, qué ha significado en sentido conductual en la sociedad, el tratamiento que se ha hecho del sistema de desarrollo de las sociedades occidentales (y hablo como occidental) en comparación con otras más antiguas, emergentes o diferentes.

Pero cómo hacer llegar este mensaje si este es un mensaje que no interesa. No interesa a los gobiernos más corporativistas, no interesa a los legisladores, no interesa que la sociedad conozca y sepa. Que se construya, que se reivindique por lo que es justo.

Es evidente que el sistema ha fallado. Y digo que ha fallado para las personas de a pie, los trabajadores, los pequeños comerciantes de las pequeñas empresas. Aquellos que por sus circunstancias no han podido llegar a capas más altas de la sociedad. Los más manipulados. E incluso a los otros. Los adinerados, intelectuales, y gentes de bien que, como los otros, han terminado por asimilar la teoría del ser superior  y organizador que les ordene y dirija. Ese organigrama de clases que les invita a infligir autoridad frente a aquellos que no pertenecen al círculo, para así sentirse vinculados a sus supeiores haciendo lo que estos hacen contra ellos en segundo plano.

Pero cómo hacer llegar este mensaje si este es un mensaje que no interesa. No interesa a los gobiernos más corporativistas, no interesa a los legisladores, no interesa que la sociedad conozca y sepa.

_____________________________


Cuando me fuí comprendía las cosas de otra manera. De una forma digamos más empática, y dejé atrás otra especie de lado humano. Dejé un lado humano servil, fagocitado. El de poner la otra mejilla, pero sin comprender porqué lo estás haciendo.

Ahora comprendo que hay algo más. No somos solo nosotros porque Dios nos ha hecho así. Somos lo que conocemos, lo que vivimos y experimentamos. Y la sociedad hoy en día nos priva de muchas de esas necesidades. Le da más importancia a cosas banales o se dedica a agitar nuestros sentimientos. Y también somos sentimientos. Y debemos luchar por que se respeten.

Ahora siento ánimos de lucha pero, es difícil. Al menos, esos son los sentimientos que me abordan ahora, pero un poco más madura, son los que se acomodan y me dicen que espere...


Un saludo,

I Morgades. 

jueves, 27 de diciembre de 2012

¿Estamos preparados para pensar?


                                                                                    ¿Qué determina nuestra capacidad de pensamiento?

¿Estamos preparados para pensar de tal manera que esto produzca un resultado positivo tanto individualmente como socialmente?


En este sentido... ¿a dónde nos lleva el razonamiento?

                               
Muchos son los métodos a través de los cuales las personas de éste y otros siglos han ido determinando los actos que han seguido a lo largo de su trayectoria en función de su sistema de razonamiento. Actos que en ocasiones les han llevado a satisfacer sus necesidades básicas, éstas definidas a través de un amplio rango de niveles de satisfacción y muchas han sido las consecuencias. Según la persona, ésta encontrará en una u otra actividad el medio que le ayude a satisfacer, durante o a posteriori, su sensación de carencia o el significado de su lucha. Unas veces errará y otras sin embargo habrá conseguido su objetivo, siendo este más o menos duradero en el tiempo o en mayor o menor nivel de satisfacción.

En esta ocasión, analizaré el razonamiento como método por el cual las personas co-existen unas con otras para intentar llegar a una armonía pacífica, o lógica, de entendimiento para consigo mismos y con respecto al entorno, desde la perpectiva de la capacidad de razonamiento individual y su probabilidad de error en este sentido, partiendo de una necesidad de encontrar una verdad máxima compartida y exenta de conflictos, que será tal por la incapacidad según esto de rebatirla. Estudiando el tema desde su principio más manimalista como es el surgimiento de las ideas en el sentido de la filosofía modernista (empirismo y racionalismo) y enfocándolo desde la perspectiva de la necesidad de satisfacción personal como requisito, en sus diferentes formas y según el individuo, para encaminarse en su máximo exponente a un consenso global también en términos de conocimiento.

                                  ________________________________________________


Si tomamos el razonamiento o búsqueda de la verdad como medio para encontrar la meta (o punto de partida) que nos ponga en contacto con la sensación de satisfación de la que dispone la seguridad de conocer la verdad sobre un tema, es decir, la sensación de satisfacción o felicidad conseguidas tras la lucha por encontrar el camino perfecto hacia una verdad de conocimiento irrevocable y ampliamente compartida, habremos de tomar a su consecuencia como el fín ultimo de la realidad del razonamiento: la obtención de una satisfacción a través de la verdad del conocimiento. El conocimiento en sí, y la seguridad que este provoca como cúspide de todo esfuerzo racional.

Así entonces, y de manera minimalista, las personas nos marcamos determinados objetivos a través de los cuales definimos nuestra naturaleza. Objetivos que se cumplen o no en función de lo que seamos capaces de razonar y cómo lo hagamos (tanto trabajando en conjunto o sociedad, como de manera individual), y que a la larga determinarán nuestro nivel de satisfacción con respecto a la vida y a las decisiones que sobre esta hayamos llegado a la conclusión de tomar según nuestro método de razonamiento.

Dichos objetivos nos acercan o nos alejan de determinadas conclusiones o realidades, realidades éstas que a su vez nos acercan o alejan del conocimiento de una verdad que nos pone o no en contacto con la satisfacción de haber conseguido nuestros objetivos*.Aquella verdad que lejos de ser una e inmutable, se convierte en realidad interpretada a través del método de conocimiento de cada individuo y que adquirimos a lo largo de nuestra experiencia.

*Tomemos como objetivo máximo el ejemplo de la "verdad absoluta" tan perseguida: que definiré como aquella situación última o determinante, o principio de algo, que idealizamos y buscamos y encontramos a través de su consiguiente experiencia sensorial como método de verificación de ésta realidad, que nos disponga al hecho de manera indefinida y que se construya a través de una ya consumada lógica de razonamiento que nos lleve (por ese camino o método ordenado de razonamiento a través del cual las cosas encuentran un sentido irrebatible mediante el reconocimiento de las mismas en el individuo a través del reconocimiento de estas ya empíricamente) a una sensación de consecución, satisfacción y felicidad tras esa lucha por encontrar el camino perfecto hacia una verdad de conocimiento irrevocable y ampliamente compartida.


_______________


Entonces, es por la existencia de esta realidad o sensación de verdad (que en ocasiones surge de manera dosificada, por partes o a lo largo de la vida por acumulación de conocimiento), que hemos ido experimentando la conciencia de que sabemos que no queremos vivir para siempre en la equivocación. Preferimos vivir en la verdad, ya sea nuestra verdad o la verdad del conjunto, pero aquella que nos beneficie en el tiempo progresivamente. Es por eso que se buscan respuestas, y si bien es cierto que la equivocación es el obstáculo a través del cual seguimos siendo capaces de encontrar respuesta a nuestras incógnitas, sin embargo, es también algo que continuamente ha de ser superado para encontrar la llamada felicidad.

Sin embargo, también es cierto que podemos llegar a conclusiones mediante nuestro razonamiento que nos hagan entender que existimos en nuestra propia verdad, aquella que vamos asintiendo y experimentando según se van cumpliendo nuestras expectativas con respecto a un objetivo y que pueden ir o no en detrimento de las armonía personal y del conjunto, y es por eso que también existe una verdad última en la que nos reflejamos y con la que nos comparamos, para comprender hasta que punto andábamos en el error o cuánto nos hemos alejado de la certeza.

En este sentido, el método que utilicemos para encontarla, directamente relacionado con nuestra metodología de razonamiento se convierte en determinante para la consecución positiva o negativa de nuestro logro si más a la larga, y  muchos son los métodos que se utilizan hoy en día para esclarecer los batiburrillos emocionales a los que llegamos a través de una posible equivocación en la organización de nuestra lógica en éste sentido: filosofía, psicología, esoterismo, incluso la teología, y sin embargo, como individuos que en determinando momento de su vida llegan a experimentar la realidad de independencia del grupo social a través de ser consciente de las responsabilidades de nuestros propios actos,

¿somos capaces de conocer de la auténtica naturaleza de nuestro pensamiento y como ésta influye en la consecución de nuestros máximos objetivos o aquellos que seamos capaces de realizar?

si somos capaces, ¿qué determina que tomemos unas decisiones u otras? ¿el razonamiento una vez más?
¿tenemos las erramientas necesarias para no caer en falacias que nos alejen de la verdad o realidad en la organización de las ideas?
¿en este sentido, estamos preparados en según qué momentos de la vida para determinar los beneficios de la consecución de nuestros objetivos en función de las decisiones que tomemos para con ella?

¿Cómo llegamos a la conclusión de determinados intereses?

¿Influye la edad, la madurez, la capacidad de razonamiento en éste sentido? o ¿simplemente un sistema de razonamiento concreto puede determinar de manera efectiva la conclusión positiva de nuestra búsqueda de la propia realidad?

                                                              _____________________

Si tenemos en cuenta las teorías filosóficas de los ultimos siglos sobre el conocimiento, no llegamos a la conclusión de si dicho razonamiento o teoría del conocimiento de un tema en concreto puede ser la acertada, cuando no tenemos en cuenta el objeto por el cual se fundamenta  ese conocimiento. Pero las cosas no tienen conocimiento ni actividad sensorial en si que los determine si no que somos nosotros los que le damos un significado, así que en este sentido, me limitaré a definir el conocimiento desde la perspectiva de ser la percepción sensorial de la certeza de la realidad de algo, ya sea situación u objeto (que nos afecta emocionalmente), a través de determinados métodos que desechen la sensación de equivocación.

En mi opinión el conocimiento bien podría llegar a ser la conclusión de la actividad mediante la cual llegamos a las conclusiones que nos acercan a una realidad que en ocasiones idealizamos y que para llegar al conocimiento de ella, experimentamos a través del razonamiento. Sería entonces su consecuencia máxima, el acierto en la actividad del razonamiento.

Entonces, según lo anterior, es decir, el sentido y significado de la actividad de razonar, ¿conocemos la función de nuestras propias necesidades en si, en función de nuestro método de razonamiento, pudiendo ser éste según el significado que le damos a las ideas o lo que razonamos de ellas, o conocemos en función de nuestras propias necesidades, las más biológicas? Si esto es así; si comparamos nuestras conclusiones en función de la conclusión positiva o negativa de nuestro razonamiento a nivel empírico, podemos estar o no equivocados, pero en tanto podamos comparar con nuestra capacidad de discernir la certeza, de manera biológica, podremos determinar cuánto lo estamos a la larga.

Aquí entonces encontramos dos tipos de conocimiento que vienen definidos por el método al cual demos más importancia en el rango de experiencias que nos hayan funcionado mejor o peor. Si bien el primero, el que se basa en el razonamiento de la conclusión de nuestras propias ideas puede llevarnos a conclusiones positivas o negativas que solo podrán comprobarse a posteriori en función de la satisfacción o no que nos produzcan, el segundo viene dado de manera innata pero que habrá de ser descifrado a través del razonamiento que nos lleve a su propio conocimiento, a la razón de ser de éste hecho mediante la expresión propia del razonamiento. Una especie de re-encuentro recíproco con la experiencia a través del razonamiento que lo convierte ya en lógica. Por tanto, según esto, nos vendría dado un tipo de conocimiento por el cual seríamos capaces de contrastar aquello que nos beneficie ya más a largo plazo con aquello sobre a lo que hayamos llegado según determinadas conclusiones y que en este caso, verificaremos a medida que lo vayamos experimentando, comparándolo con experiencias ajenas. Siendo así, esto último sería la conclusión de que el resultado de éste tipo de razonamiento es distinto al primero ya que en el primero el conocimiento viene dado de antemano, solo que no se re-conoce a priori (si no que se hace a través del razonamiento) y el segundo se experimenta despues del razonamiento o significado que le demos a nuestras propias ideas, según nuestra experiencia o las conclusiones que hayamos sacado en la vida.

Este conocimiento también puede venir definido por diferentes amplitudes según la magnitud de nuestras ambiciones con respecto a un tema. Pero el razonamiento de una forma u otra planteado (ya no mejor ni peor, sino producente o contraproducente, puesto que cada tipo de razonamiento lo determina la naturaleza pensante, la capacidad de observación, lógica, conocimiento teórico, raciocinio, etc. de cada persona) puede determinar la conclusión satisfactoria a la cual pretendemos llegar sobre un tema.

¿Qué determina que seamos capaces de llegar a conclusiones positivas?

Según esto sabemos que la sensación de conocimiento nos da la respuesta pero, ¿qué hay del método? 

Este camino o bucle que va de la incógnita o absoluto desconocimiento, a la intuición que pasa a ser realidad tras un determinado tipo de razonamiento para si acaso llegar a ser conocimiento empírico es nuestro método para encontrar respuestas a la búsqueda de satisfacción de necesidades, y consecuentes ansiedades, y que acompañan nuestro camino lleno de incógnitas a las que tenemos que dar respuestas en ésta vida. Pero como tal método puede llevarnos a errores de conclusión que nos demuestren que de manera inmediata o a la larga, nuestras necesidades más primarias, básicas o vitales han sido o no satisfechas.


I.

jueves, 22 de julio de 2010

Afro-descendencia


El año 2011 se prepara para ser el año internacional de la afro-descendencia declarado por la Organización de las Naciones Unidas.

Para algunos, este termino resulta incongruente, inespecífico o incluso gregario, etc.

¿Qué entendemos entonces por afro-descendencia?
__________________________________

Sin duda, tendríamos que preguntar a los promotores de esta nueva fecha a recordar qué es lo que ellos entienderían por tal ya que, como podemos observar, son muchas las apreciaciones que se pueden tener al respecto de este término según dónde se pregunte y a quién preguntemos.

Así, no será lo mismo preguntar qué es afro-descendencia en un lugar remoto del centro de África donde las tradiciones culturales africanas y el sentido de ‘ser africano’ permanezca intacto, que preguntar en ciudades del lejano oriente donde el término les resulte absolutamente abstracto.

Existe una opinión generalista que difunde que al ser el ser humano actual originario del continente africano, desde el momento en que empezó a expandirse por el resto del planeta todos y cada uno de sus componentes se convirtieron en afro-descendientes. Y sin embargo, existe también la tendencia a alejarnos de dicha concepción generalista que englobaría a la totalidad del ser humano actual en su conjunto.

La concepción actual que se tiene del mundo, separado mediante nombres ciudades, países y continentes que engloban idiomas y culturas dificulta el acceso a esta imagen del ser humano como un ser carácter global que procede del mismo origen.

¿Qué tiene cada persona de africano?

¿Qué es aquello que nos relaciona con nuestros orígenes?
_____________________

Lejos de parecer éstas, cuestiones que buscan una respuesta exclusivamente teórica o cultural, parece existir en ellas también una respuesta biológica. Habría entonces que analizar los valores que a nivel biológico conformaron a los primeros seres humanos que todavía permanezcan hoy en todos y cada uno de nosotros. Valores éstos que a través de la puesta en práctica de las diferentes culturas (y teniendo en cuenta su mutación o expansión y su consiguiente diversificación) se intentaron e intentan reflejar y que se relacionan directamente con lo más intrínseco dentro de todos y cada uno.

¿Qué sabemos de África y de los valores más intrínsecos de sus culturas o de las culturas más ancestrales?

¿Hasta qué punto éstas nos construyen como personas?

Sin duda, parece ser que para dar respuesta al origen del ser humano y a muchas de las incógnitas que nos plantea la vida en referencia nuestra historia y que a su vez nos construyen como personas, mirar al origen, a África con el corazón abierto y conocerla a ella, sus valores y todo aquello que con ella nos construlla y nos pueda relacionar, se torna fundamental.
A continuación os dejo el link a un video donde el profesor J. Bolekia nos explica, entre otras cosas, algunos de los significados de 'ser africano'.


I. Morgades

martes, 13 de julio de 2010

Biología y Ser humano


A raíz de la grabación de un reportaje en el que mi valorado amigo Martin López hacía un comentario al respecto del significado del actual separatismo étnico e interracial, es que se me ocurrió el título de este texto sobre el que sugiero comentar algo al respecto.

Mi amigo Martin, al que agradezco encarecidamente su palabras en el reportaje y sobre el que os animo a seguir sus textos expuestos a través de su página web (....), comentaba algo acerca de esa tendencia innata del ser humano a crear grupos como un factor biológico que si bien antaño hubiera servido para mantenernos "a salvo" de otros grupos con los que no teníamos contacto debido a las distancias, entre otras cosas, hoy, al ser la situación otra completamente distinta, la situación cambia, y sin embargo, dicha actitud, no por ser biológica o innata hubiera de permanecer sino que hubiera de ser superada teniendo en cuenta la evolución temporal y que hoy en día la cercanía y el contacto con otras personas lejanas es una constante frecuente y más fácil de llevar a cabo.

En este sentido entiendo que el ser humano, efectivamente, tiene una tendencia perjudicial a encontrarse absolutamente al margen del conocimiento de si mismo como algo biológico y de no entender como tal sus movimientos, pensamientos y constantes cambiantes.

Parece ser que tendemos a entendernos a nosotros mismos como seres que, casi al margen de la naturaleza propia biológica que dicta el porqué de nuestros movimientos, encuentran a través de una supuesta capacidad de razonar, una supuesta capacidad de dar un sentido a su realidad al margen de todo eso. Creamos una autoridad sobre nosotros mismos sobre la que no parecemos tener capacidad de dirección y desde ahí intentamos comprenderla y darla sentido.

Así pues resulta fácil comprender muchos de los dilemas en los que nos vemos envueltos día a día, y en cualquier caso si algo parece evidente es el hecho de que a través del conocimiento de nuestro funcionamiento como algo biológico resultaría mucho más sencillo comprender el porqué, ya no de las cosas si no de nuestros actos e incluso de nosotros mismos.

Nos vemos y nos miramos como si de un espejo se tratara. Desde fuera, intentamos dar una imagen o conclusión concisa de nosotros mismos. Sin comprenderla desde lo intrínseco de si misma.

Tenemos pues una tendencia innata de, para entender nuestra realidad, extrapolarla (mediante el raciocinio) para intentar sacar una conclusión de la misma. Es un método este de re-conocimiento a través del cual nuestra realidad biológica intrínseca intenta acercarnos a ella.

Tal vez se trate de un mecanismo de comprensión que lejos de ser el resultado concreto en si mismo en el que parecemos estancados, sea el mecanismo que avanza en pro de un conocimiento más intrínseco de nosotros mismos como muchos otros que, si antaño no conocíamos porque el cerebro no nos daba en ese momento para más, hoy si, se encamine a una desaparición.

Lejos de dar un sentido racional a la realidad que encaje en sí mismo (lo cual parece conflictivo y confuso ya que todo el mundo tiene una opinión), buscamos hoy un sentido racional que encaje con nosotros biológicamente. Que lo entendamos como tal.

Cómo si no es posible el consenso entre las personas si no es cuando este es reconocido de forma biológica por todos y cada uno de sus componentes. Tal vez cuando decimos que todos y cada uno de los seres humanos somos iguales nos referimos a este punto, que lejos de entenderse desde un punto de vista única y exclusivamente racional habría de entenderse desde una comprensión biológica que en este sentido si fuese asumida por todos y cada uno.

¿Qué nos aleja de este menester?

Lo vemos cada día.



I.




miércoles, 24 de marzo de 2010

Respuesta a Alberto sobre su comentario al texto: El lujo.

Aunque intentes ocultarlo lo sabes. No hay más palabras de alago que te pueda mostrar por cada respuesta que publicas. Sin duda ayuda. Y sin duda también, me quedo con varias de tus frases pero, empezaré por esta:

'Debido a las grandes desigualdades económicas, por desgracia el placer aún se considera un lujo, de los que uno no puede permitirse, por gran parte de la población de este planeta. Eso es algo que debería preocuparnos'

Me preocupa.

Sin embargo, son tantas las cosas que nos alejan de tantas otras cosas, cosas éstas que a su vez nos acercan a nosotros mismos, que adentrarnos en este inmenso mar de posibilidades, dudas, creencias y opiniones o verdades simplemente desborda. Lleva tiempo, paciencia y ganas.


Me preocupa el hecho de que disfrutar de la vida plenamente pueda ir quedando supeditado a las condiciones más superfluas, ajenas a lo que considero el potencial del ser humano.


Al parecer, todo aquello de lo que de verdad disfrutamos queda subordinado a la importancia que adquiere en un momento dado el 'método' o 'cómo' del disfrute, más que del 'aquello' en sí mismo o el resultado que el disfrute produzca en nosotr@s. Y en lugar de ser simple y llanamente el puente que nos impulse a ello, aquello, hoy en día, parece difuminar nuestra capacidad de apreciar el valor del disfrute en si mismo...

__________________________


Amigo Alberto, has puesto varios ejemplos a mi parecer muy dignos de ser considerados verdades de lo que considero el comienzo del auténtico conocimiento, enriquecimiento y/o desarrollo personal. Para algun@s podrán incluso parecer simples romanticismos carentes de sentido práctico ya que al fin y al cabo ¿qué felicidad -práctica- existe a la hora de respirar el frescor de la hierva mojada tras la lluvia en un mundo donde parece primar sobre todo, el valor de la cantidad de asfalto construido...

Pero ahí están. Y sin duda se convierten en las cosas que hacen que seamos capaces de percibir nuestra existencia.

Cuando dices:

Lujo es levantarse por la mañana, abrir la ventana y ver la luz del sol.
Lujo es sumergirse en el placer de las notas de una canción,
y rendirse a las emociones que ésta provoca.
Lujo es una brizna de hierba.
Lujo es mantener una conversación enriquecedora.
Lujo es poder compartir tus cimas y poder compartir tus valles.

pienso yo, ¡qué grandes palabras! ¡Cuántas emociones evocan en mi!... Y qué necesarias éstas. ¿En qué sentido son éstas importantes? Porque, si están ahí; si forman parte de aquello que nos constituye y nos (digamos) enciende (ya que aunque nace fuera, se aprecia dentro), tienen que significar algo en o para nosotr@s... Es decir, las cosas no están ahí simplemente por que sí. Tienen una razón de ser. Y es esa razón la que nos permite discernir el porqué de dichas cosas...

Cuando me emociono al pensar que voy a rendirme a las emociones que en mi una canción provoca, esto significa algo. Pero ahora mismo, lo que pueda significar solo me da para pensar en las consecuencias de aquellas emociones que ello en mí provoca. Es decir, ¡qué bien se siente un@ al escuchar las notas de una canción de la cual su más íntimo yo ya forma parte! Pero entonces... ¿ésto qué implica...? ¿Placer por el placer? (del que creo hablábamos en alguna de las entradas?) Pues bien, no seré yo quien defina los consecuencias de esto en cada uno de los que en sí lo sientan. Yo solo puedo hablar con seguridad de lo que yo siento, si acaso a veces ni eso.

Aquí encontramos pues, la diferencia entre aquello que en nosotros evoca ciertas sensaciones y aquello que simplemente no provoca esas sensaciones. Pensémoslo. ¿Qué hay comparable al sentimiento orgánico de respirar hierva mojada? Y ¿cuáles son las consecuencias de ésto? ¿Qué nos hace sentir y qué significa o qué resultados genera a posteriori ese sentimiento?...

Sin embargo, nuestra vida no se reduce solo a esos sentimientos o emociones o consecuencias de los mismos. En nuestra vida hay muchas otras cosas que de alguna manera pareciera que intentaran acercarnos a dichas sensaciones (realmente no se si estos son los vocablos correctos; pero ahí quedan a interpretación de cada un@ a falta de algo más genérico o concreto). Esa búsqueda constante del placer, ese hedonismo que mencionas, bien podría conseguirse si la naturaleza, en lugar de hacer de nosotros un constante buscador de las verdades, o de aquello que aleje fuera de nosotros las dudas que se generan 'en nosotros' (para -al parecer- así conseguir esa tranquilidad que se acerca al sentimiento generado tras respirar hierva mojada, pero esta vez de una forma no definitiva pero constante), nos hubiera convertido en simples vividores de éste tipo de emociones.

Bien, parece que eso es lo que somos (a parte de otras cosas): vividores de emociones. Pero de muchos tipos de emociones (sin embargo), que a veces incluso nos desbordan más que tranquilizarnos. Es decir, no somos simples hedonistas, y aún así al parecer eso queremos o buscamos. Nadie quiere sufrir. Pero sufrimos y disfrutamos...

______________________________

Querido Alberto, como ves, este es un tema complicado que atañe muchas cosas. Cosas que van desde lo que podríamos definir como la 'des-humanización' del lujo hasta las consecuencias de los derivados de ésto o sus por qué. Pero simplificando podría lanzar mi teoría´(así por las buenas) diciendo... La búsqueda del lujo pues, bien podría ser el reflejo materializado (por el conocimiento adquirido a lo largo de la historia) de aquello que ese mismo 'factor que materializa' (que bien podríamos llamar en términos matemáticos 'x') interpreta como aquello que en realidad buscamos, eso sí desde la materialización.

(Como ves amigo, realmente, este es un tema lleno de entramados, que intento desmenuzar poco a poco y sobre el que espero ponerte a ti y a los que puedan estar leyendo ésto al tanto, en futuras páginas)

Así, nos caracterizamos por intentar encontrarle sentido a las cosas y pareciera que hubiéramos llegado a un punto en que todas las cosas tuvieran sentido. El sentido que nosotr@s les demos. Curioso, porque como el perro que se muerde la cola, si las cosas tienen el sentido que nosotros les damos, ¿cuándo sabemos cual es su sentido auténtico si cada uno podemos darle un sentido?

Qué lío.

En este sentido me viene a la cabeza la teoría de que cuando a algo tienes que encontrarle un sentido, es que el sentido real de ese algo no tiene el sentido en si mismo que a él quieres darle.

El sentido de algo es. No se hace.

Así pues, siempre he creído que existe un sentimiento que nos une y nos identifica a tod@s. Un sentimiento que es eso en si mismo, y que parece no distinguir entre las diferenciaciones o adjudicaciones sociales creadas por el ser humano, sean estas relativas al ser humano o no.


Es el sentimiento de seguridad; pues solo cuando uno esta seguro de lo que ve, oye, prueba, huele o toca, sabe. El sentimiento de seguridad que produce saber algo no es necesariamente correlativo al hecho de conocer ese algo previamente. Pero si parece tener algo que ver con dejar de dudar (o, directamente no dudar) sobre aquello que se ve, siente, huele o toca.

Estamos seguros de cuando nos gusta algo y de cuando no..., de cuando nos duele. Lo sabemos.

Pero, muchas veces, ese sentimiento de seguridad se difumina entre tantas opiniones, definiciones y supuestas - añado - verdades ajenas a nuestra certeza personal que, casi SIN plantearnoslo desde nuestra más personal intencionalidad, llegamos a convertirlos en opiniones, definiciones y supuestas verdades propias, que así, ante otra persona, bien podrían ser relativas. Eso sí, ante otra persona, ya que ante nosotros mismos no hay verdades rebatibles, al menos no cuando estas provienen desde la certeza. Y así, digo supuestas porque, si esto fuera así, aquello que para mi pueda ser una verdad en un momento dado, para otra persona puede que no lo sea, y es curioso como puede llegar a convertirse en un conflicto de intereses, que una vez más desde la necesidad de una certeza como verdad única, vuelven a jugar su papel fundamental en nuestra trayectoria, creando su mundo de verdades y no verdades.

Sin embargo, personalmente y como he dicho antes, creo que nada está ahí porque sí. Y si a lo largo de nuestra historia han existido cosas que nos han alejado de nuestras certezas, tendrán su razón de ser y eso es algo que con tu ayuda, Alberto, y con la de todos aquellos ya aquellas que quieran participar podremos al menos intentar discernir, si así fuera.

__________________________________



Entonces, realmente, ante tan amplio abanico de posibilidades provenientes de suposiciones, creencias y opiniones, ¿existe la posibilidad del consenso ante diferentes realidades? ¿Existe una verdad absoluta comprendida y sabida por tod@s?

Lo que para algunos, hoy, de un lujo pueda ser considerado un derecho venerado, para otros bien podría ser un insulto (con respecto a esos otros). A sí diferentes combinaciones de posibilidades.

Pues bien, si existiera esa verdad que nos alejara del conflicto, considero yo que sería más fácil encontrarla al margen de las interpretaciones que todos y cada uno somos capaces de dar sobre una única cosa y empezaría a descubrirse a través de las interpretaciones que la cosa en sí misma evocara en nosotr@s.

De gran ejemplo se torna aquí, el hedonismo del ser humano del que varias veces hemos hablado y la búsqueda del placer como método de supresión del dolor 'casi' por naturaleza, ya que pareciera que la búsqueda del lujo y el placer se hubiera convertido en una máxima cada vez más distorsionada de su epicentro. Pero, para desmenuzar la situación vayamos por partes:

Primero aclararé porqué he dicho 'casi', en tanto a la búsqueda del placer o hedonismo por naturaleza:

Si entendemos la naturaleza como algo perfecto (tema a discutir / definir, el de si la naturaleza es algo perfecto o no ya que ésto conlleva el hecho de en qué sentido la naturaleza es perfección o si la perfección es la consecuencia o resultado de ello), en el sentido de que cuyas reglas se rijan por unas leyes cuyos actos vengan estrictamente determinados por un fin, la 'búsqueda del placer como método de supresión del dolor' como fin constante del ser humano, parece (o no) suficiente para explicar el curso de nuestra historia, pero también parece estar determinado por los cambios a la hora de determinar el camino para encontrar dicho FIN CONSTANTE.

Por otro lado, si el ser humano se rigiera por la necesidad de placer en sí mismo, entiendo que, si así fuera; si lo único que nos moviera fuera el disfrutar del placer, nos bastaría con hacer sólo aquellas cosas que con el placer algo que ver tuvieran y dado que ya las conocemos (al menos algunas) viviríamos en el placer constante, y no en la constante búsqueda de placer. No existirían las cosas desagradables ya que, YA sabemos al menos algunas de las cosas que nos producen placer y en ellas nos recrearíamos, por lo tanto, en el caso de que ese fuera nuestro fin, ya lo habríamos encontrado.


Sin embargo, es curioso como nuestra propia naturaleza no nos provee con la capacidad de disfrutar constantemente como si de apretar una tecla se tratara. Nos lo impide, como haciendo que nos esforcemos por ello, como nos impide esas pocas cosas como, tener alas y volar por ejemplo, y sin embargo no nos impide construir aparatos que vuelen y nos lleven lejos (algo que parece ansiamos desde nuestros comienzos haciendo del avance tecnológico que facilite nuestra capacidad de confort y descubrimiento y movimiento). Construir aparatos que vuelen y nos lleven lejos. Por un lado, algo que no podemos hacer por nosotros mismos. Curioso. Por otro lado, algo que podemos hacer a través del desarrollo tecnológico; a través del desarrollo del conocimiento y de la capacidad de interpretación en nuestro entorno en beneficio del descubrimiento. (Punto interesante a destripar).

Descubrimos cosas que nos ayudan a, digamos, 'estar mejor' (algo que hay que definir Alberto).
Pero también a través de esos descubrimientos, desarrollamos esas cosas que descubrimos, para estar ¿más mejor? ¿Con qué fin? ¿Existe un fin? Exista o no, consistimos pues en estar mejor y mejor y mejor? ¿A qué precio?... Porque si el fin último fuera el estatus social en sí mismo (o lo que hoy entendemos de él) o el beneficio económico en sí mismo (por el placer que el beneficio económico pueda suponer); es decir, confort, lujos, supuestos placeres..., el lujo por lo material, el confort, lo ambiguo y descabellado y absurdo del placer por placer podría llegar a justificar las desigualdades de algunas personas con respecto a otras desde puntos completamente infrahumanos.

Pero ese último 'punto interesante' también me sugiere un otro sentido.

Observamos que últimamente más que nunca antes, son muchos los comentarios de personas conocedoras del tema del tipo: 'el dinero no da la felicidad', 'más dinero más problemas...', o incluso oímos de casos de personas cuyo poder adquisitivo las ha llevado la absoluta desesperación...

¿Entonces qué pasa? ¿Porqué para algunos el lujo tumultuoso supone felicidad y para otros no? ¿Qué los diferencia? ¡Los que lo saben qué hablen!

Pues se trata este de un tema largo...

__________________________________

La naturaleza.

En mi opinión quizá exista algo que pueda poner un poco de luz al respecto. En mi opinión.

Observemos las circunstancias de la historia desde un otro punto de partida o de vista. Esto es:

La búsqueda del confort y del desarrollo constante a través del descubrimiento de la capacidad de conocimiento intelectual. Y no al revés (lo que vendría siendo: la búsqueda del confort y el descubrimiento constante a través del desarrollo del conocimiento intelectual).

Así a simple vista ambos parecen iguales, sin embargo surge una sutil diferencia a mi entender...

El caso segundo, parece indicar que es el desarrollo del conocimiento intelectual lo que genera el descubrimiento, con lo cual, en éste último caso, el descubrir (o no) algo vendría determinado por nuestra capacidad intelectual... cosa que no parece en apariencia posible teniendo en cuenta que, aparentemente, nos hemos ido desarrollando a lo largo del tiempo sin saber tanto como podamos saber ahora. Pero, sin embargo, se da el caso de que el desarrollo intelectual parece haber ido a lo largo del tiempo detrás del descubrimiento (como anuncia el primer caso), y no al revés. Es decir, no ha sido nuestro razonamiento el que nos ha llevado a descubrir algo, sino el descubrimiento de ese algo (la acción de esa circunstancia en sí misma) la que ha abierto las puertas y nos ha llevado al análisis de la misma situación y al consiguiente desarrollo hacia esa supuesta búsqueda del confort. Si fuera al contrario, significaría nacer siendo completos superdotados que sabrían más que aquello que les precediera o continuara... Me explico.

En el primer caso, es la búsqueda del conocimiento la que pone en nosotros la capacidad de discernir el beneficio (o no) del descubrimiento. El descubrimiento y la capacidad de conocimiento intelectual parecen ir de la mano entonces para obtener un resultado. El segundo no se da. Y sin embargo se da, pero alejado de esta primera teoría es decir, fuera de ella.

No se da el razonamiento -a priori- del descubrimiento y si se da, se aleja de aquello que se da en nosotros mismos y sin que aparentemente mediemos en ello (como lo hacen, o se dan en nosotros las impresiones recibidas por ejemplo de la naturaleza, diferentes situaciones no generadas por nosotros, pero que sin embargo reconocemos en nosotros). ES decir, la razonamos para interiorizarlo y no al revés. Como en el primer caso. (...).

Las consecuencias de ésto pueden ser varias.

Entonces, un ansia casi inconsciente por descubrir ciertas cosas parece mover nuestros pasos. Parece ser el motor de nuestro desarrollo del conocimiento. ¿En qué lugar queda el placer? No se... el placer tal vez solo sea la guinda que amenice el proceso... O el motor que nos haga asimilar el camino de nuestras circunstancias. NO se, conjeturas.

Así pues, sabiendo que el lujo no da la felicidad (pero según algunos otros ayuda - factor por ello a definir-), en este sentido, la búsqueda del lujo material como 'summun' único de nuestra existencia, personalmente me parece algo ambiguo o arcaico, ya que supone límites, y el desarrollo del conocimiento intelectual no parece adivinarlos ni de lejos.

Esto es algo que habremos de seguir desarrollando. Lo del suponer límites.


Un abrazo amigo.

I.

7 de mayo de 2010

miércoles, 3 de marzo de 2010

El Lujo.

Si buscamos la definición de esta plabra en el diccionario encontramos varias definiciones de las cuales, algunas bien representan lo que en este caso me interesa escribir.


Lujo:

1. m. Riqueza, suntuosidad: vive en el lujo.

2. Abundancia de cosas no necesarias: me lo explicó con todo lujo de detalles.

3. Todo aquello que supera los medios normales de alguien para conseguirlo: es un lujo para mí.

4. Cosa muy buena o extraordinaria: recibir a un invitado tan excepcional es un lujo para nosotros.


____________________________________



Me centraré sobretodo en la 1ª y la 3ª ya que, soy consciente de que el mundo de las definiciones parece haberse convertido para mi en algo, aunque sea minimamente, subjetivo.

Dicho esto, es curioso observar que much@s de nosotr@s, si no tod@s, en un momento dado hemos tenido la oportunidad de rodearnos de cualquier cosa que bien podría ser considerada un lujo en un momento dado (tenga esta un valor económico o no), si tenemos en cuenta las cuatro anteriores deficiones, y sin embargo, pareciera que los lujos más valorados y/o reconocidos en terminos, digamos, sociales como aquellos que, siendo el interés de la sociedad en ellos directamente proporcional a su precio, se convierten en inaccesibles para la gran mayoría, siendo subceptible a convertirse en esta deficinición, casi cualquier cosa que podamos imaginar.

Una vez más, así, cosas que antes no tendrían porqué tener un valor económico o que, bien podrían ser adquiridas de forma gratuita, se convierten en inaccesibles y reservados a unos pocos, es decir, en lujos.

Entonces, ¿qué es lo que convierte a los lujos en lujos? Es decir, cuál es su sentido más extricto y en qué nos basamos para considerarlos más o menos interesantes.

Antes de nada, dejaré claro que mi definición de interesante es aquello que por ser considerado provechoso (es decir, de beneficio o utilidad) se convierte en objeto de atención. También he de dejar claro que cuando digo beneficio no se trata unicamente de un interés personal en beneficiarme a mi misma sino al ser humano en su conjunto ya que yo sola en el mundo probablemente no pinte nada.

Entonces, dicho esto. Veamos.

Encontramos aquí una diferencia abismal entre un tipo de lujos y otros si, pero una conclusión en su definición común, y parece esta tratarse de un factor económico.

Hemos dicho que los lujos económicos, en su significado según lo acabamos de definir más arriba, poco llegan a diferenciarse en conclusión de los lujos que por su inaccesibilidad se han convertido en vitales. Como por ejemplo, el agua en determinados países de el mundo.


Sin embargo el agua es un tipo de lujo absolutamente necesario para nuestra supervivencia. Ni que decir tiene. No siendo así por ejemplo, un televisor de plasma de 62 pulgadas que nos permita ver a Ana Rosa Quintana en tres dimensiones. Eso es algo que puede ser muy tentandor pero que en los países donde el agua no es accesible por carencias en la infraestructura por ejemplo, puede seguir siendo sorprendente pero no así necesario o productivo (siempre y cuando no vaya acompañado de otro tipo de ventajas, como por ejemplo una televisión de calidad y accesible).


Entonces, parece estár claro que estas necesidades convertidas en lujos, dependerán por un lado, de la situación en la que nos encontremos o del país en que vivamos.

En los países conocidos como desarrollados, el agua no es un lujo, al menos por el momento. La calefacción... bueno, la calefacción últimamente más o menos. El alimento... bueno, el caro si (las marcas blancas siguen siendo accesibles, a veces), etc... En los países conocidos como desarrollados exiten, además, otro tipo de cosas consideradas como lujos. Normalmente se trata de objetos cuyo valor económico se escapa del poder adquisitivo de la mayoría de las personas de aquellos países y, el interés de las personas en ellos es, digamos, más bien lucrativo y/o recreativo.


Lucrativo, porque aquellos cuya capacidad económica excede sobremanera los niveles considerados primarios-necesarios, saben que por lucrativo se entiende aquello que produce una ganancia económica de manera colateral o, un provecho económico añadido. El agua, te la bebes y se acaba su provecho. La calefacción te calienta y una vez que tienes calor, se acaba su provecho, y aunque sigue estando ahí la necesidad, su valor no es, digamos, re-vendible ya que se evapora. Pero algo lucrativo es algo cuyo provecho se extiende más allá de una necesidad concreta en un momento determinado, perdurable en el tiempo. Pero, si ha esto le añadimos un valor económico elevado, nos hayamos ante la circunstancia de haber convertido un objeto que dura en el tiempo, en algo económicamente lucrativo, es decir, económicamente rentable.



Por ejemplo: imaginemos un yate, impresionante, con su piscina interior, sus interirores de cuero, marfil y remates de oro blanco, su minibar de lujo, sus habitaciones de escándalo, etc, etc, etc... Tentador ¿eh? Seguro que si. Pues bien, para algunas de las personas de alto poder adquisitivo realmente, el máximo exponente del valor de este adorado objeto se haya en el hecho de que una vez adquirido, su gran valor económico se sigue manteniendo. Si no fuera así, su valor sería únicamente recreativo y gastarse cantidares de dinero excesivas en ello sería algo a considerar con detenimiento. Mas bien una opción más correcta en este caso sería su alquiler expontaneo.


Sin embargo, muchas personas (ya tengan poder adquisitivo o no) no son conscientes del sentido primario de la necesidad de existencia de este tipo de objetos, y en lugar de verlos además como valores económicos perdurables en el tiempo, se limitan ha convertirlos únicamente en valores de interés recreativo. Lo cual me permitiré el lujo de considerar una absoluta pérdida de tiempo cuando de ello se hace un estilo de vida, siempre que haya otras necesidades que cubrir, ya sean intelectuales, personales, emocionales, físicas, sociales...

______________________________

Según esto pareciera entonces que en la sociedad conocida como desarrollada, el sentido más estricto de la apreciación del lujo es económicamente lucrativo y/o recreativo. Gastar dinero de forma lucrativa parece la opción más interesante. La forma recreativa también, en el tipo de sociedad en que vivimos pero, sin embargo no parece la más rentable para el que lo gasta, ni la más productiva.

Pero también parecen existir dos tipos de lujos bien diferenciados segun la sociedad en que nos encontremos, entiéndase bulgarmente como 'desarrollada' y 'no desarrollada'. Por un lado estan, los lujos económicos (no de vital importancia y dificilmente accesibles por la existencia de un deficit económico) y por otro los lujos adquisitivos (de vital importancia y difilmente accesibles, sobretodo por una carencia infraestructural considerable).

Así, de forma lucrativa, muchos de los segundos se están conviertiendo en lujos económicos: la vivienda, la calefacción, el transporte, el alimento, e incluso el agua, están alcanzando precios que para muchos empiezan a ser inaccesibles, en los países desarrollados. ¿Cuál es la conclusión?

Otra diferencia estre los segundos y los primeros es que, uno no se considera afortunado por tener la posibilidad de adquirir una vivienda a un precio desorbitado cuando realmente no tiene la capacidad económica de adquirirla si no es con ayuda de un financiador externo al que deberá dinero casi de por vida. Tampoco se siente afortunado por tener acceso a un carro de la compra que se ha convertido en un problema económico más que una solución por su desorbitado precio... Tampoco lo hace al pagar las facturas por servicios que a estas alturas bien podrían ser considerados primarios, bien por nuestra supuesta capacidad real de desarrollo, o bien porque llevan con nosotros siglos y a través del tiempo se podrían haber encontrado soluciones para que su adquisición dejara de convertirse en un problema: luz, agua, teléfono... Cualquiera hoy en día puede conseguir agua gratis. O luz. Ya sabemos cómo.

Observamos entonces, que este tipo de trabas económicas empiezan a suponer verdaderos problemas de desarrollo hacia delante en la sociedad. Y llendo más allá, en el desarrollo de la capacidad de desarrollo del ser humano.

Perdemos más tiempo intentando ver como sacar más dinero de la factura de la luz o de como pagarla, que si nos apartásemos del problema para preocuparnos de otras cosas que nos permitieran avanzar intelectualmente y como socidedad.

Este tipo de conclusiones me lleva a pensar en qué tipo de prioridades son las que anteponemos a las verdaderas y auténticas necesidades de nuestra existencia. Tanto como el agua podría ser cualquier otra cosa que, al no ser tenida en cuenta como privilegio económico, no se aprecia su valor.


Al parecer en vez de ir hacia delante optamos por lo más rentable que es ir hacia atrás como los cangrejos.

lunes, 22 de febrero de 2010

Respuesta a Alberto sobre su comentario al texto: Somos jóvenes, amor

Amigo mío.


Ante todo y una vez más, muchísimas gracias por tu respuesta. Consigues hacer que todas las dudas que una y otra vez se empeñan en presionarme a la hora de escribir, casi se disipen, movidas por la ilusión de empezar una nueva andadura hacia el 'conocimiento'.


Efectivamente, la juventud es una etapa dificil.


En esta etapa de la vida en la que todo el mundo parece saber de todo y en la que a los jóvenes a menudo se les dice no saben de nada, ser joven es una tarea muy dificil. Sobretodo si tienes fuerzas para todo pero, no encuentras el camino para canalizarlas.


Muchos encuentran muchas salidas diferentes a determinadas presiones. Muchas de esas salidas las mencionaba en la entrada anterior, muchas otras no.


Algunos hay que encuentran el que, en un momento determinado, consideraron ser el camino adecuado para seguir durante el curso de su vida y con suerte, al cabo del tiempo no se arrepintieron de haberlo tomado.


Otros prefieren, como bien dices, esperar y no tomar una determinada decisión. Tal vez no se decidan, tal vez no la hayan encontrado, tal vez de entre tantas opciones no sepan cual elegir.


En este sentido, es dificil decidir qué camino tomar. Saber cual es el correcto para con seguridad llevarlo a cabo parece convertirse en algo fundamental. Y en una sociedad en la que constanmente somos dichos que es aquello que está bien y/o está mal y lo asimilamos como si de una forma de vida se tratara, decidir se convierte en una auténtica odisea.


¿Qué es lo correcto? o ¿qué nos lleva hacia ello?


Muchos dicen que no existe un camino correcto, solo aquello que te encuentres en el camino que decidas elegir. Otros, que la respuesta se encuentra al final del camino... otros dicen que no hay camino...


¿quién tiene la razón?


Supongo yo, que la razón está dentro de todos y cada uno de nosotros. Solo nosotros sabemos realmente cuando hemos hecho algo bien y/o mal. Solo nosotros ponemos las reglas de nuestra vida. No vienen determinadas y definidas excepto por algo ajeno y a la vez implícito en nosotros. La naturaleza.


Solo nosotros tenemos la llave a esa puerta que al abrirla nos deja reconocer algo parecido a una verdad autentica de entre todas las dichas.


No sabemos. Solo cuándo estamos seguros.


Y en este sentido supongo que estar seguro de algo, bien podría ser parecido a lo que parece ser estar enamorado. No importa cual mal 'parezca' que pueda ser la relación, en el fondo sientes que es lo correcto.


________________


Comentas en tu texto que muchas veces la libertad asusta. Y lo intento asimilar... intento entender qué es para ti la libertad.


La libertad, para mi, es sentirse capaz de hacer cualquier cosa, sin agobios, sin presiones. Ante esto, entiendo pues que puedas relacionar el miedo a la libertad con el miedo a salirse de aquello que siendo ajeno a ti, es considerado lo correcto. Miedo a parecer diferente, y además equivocarse.


Tal vez ahí se esconda lo que podría ser un problema. El plantearnos aquello que quien no somos nosotros dice que es lo correcto, antes que aquello que nosotros mismos sentimos que queremos hacer.


La motivación, las ganas, las ilusiones muchas veces se pierden, viéndose envueltas en circunstancias que tal vez no se ajusten a lo que estas reclaman y puede que de pronto encuentren sea como sea, cabida. La forma de salir y finalmente, expresarse.


Pero sinceramente, Alberto, a veces me pregunto si todos tenemos motivaciones. Suele pasarme cuando estoy baja en positividad.


Me lo pregunto. Y si es así, como encontrar el momento en que dejamos de soñar para afrontarlo.


Tal vez empezamos a dejar de soñar desde el momento en que dejamos de querer hacerlo.


Entonces, cuando dejas de querer soñar y de abrazar tus sueños, ¿qué opciones te quedan?




Gracias por las recientes palabras de Martin Scorsese.


Me conoces bien.


Un abrazo.




I.